PASOS PARA APRENDER A PERDONAR

Sin duda, perdonar o pensar en ofrecer una disculpa a  alguien que te perjudicó es muy difícil. Aunque cuando el rencor es muy grande en tu corazón como un tumor canceroso, se esparce por todas tus emociones, piel, arterias, sangre.

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Reducir el perdón, como cualquier otra práctica espiritual, a una obligación moral es contraproducente porque pierde el carácter gratuito y espontáneo. Perdona, no solo por motivos religiosos, sino sobre todo, por instinto de conservación; tu salud emocional y física te agradecerán dejarlas respirar. Y recuerda, este acto no implica olvidar.

8 pasos hacía el perdón por  la especialista Rita Durán.

1. Date valor: Te lo mereces porque te amas, eres única y muy fuerte. Si pretendes perdonar antes de valorarte, ese acto no tendrá beneficios ni será apropiado. Visualiza tus virtudes.

2. Identifica la ofensa: Date cuenta qué, por qué, cómo y hacia dónde estas cayendo.

3. No te culpes: Por lo regular solemos echarnos tierra encima. Por desgracia, que te humillen, te engañen o se burlen de ti no es tu culpa, no te lo mereces, solo es parte de la psicología humana.

4. Reconoce la falta: Admite que fuiste o sigues siendo víctima de un agravio; acéptalo y, como si fuese un duelo, permite que salgan los sentimientos de ira, tristeza, angustia, incluso los oscuros deseos de revancha.

5. Analiza: ¿Qué hacer para no seguir cayendo?

6. Decide sanar: Deja que afloren esos sentimientos, pero ofréceles un punto de control. “Debes darte cuenta de que rumiar el dolor no permitirá que la herida sane y te irá jaloneando para que no avances en tu vida. Justo aquí contempla la idea de perdonar, aunque no te lo hayan pedido”.

7. Trabajar el perdón: Compadecer al ofensor es poner en evidencia todos sus defectos: complejos de inferioridad, existencia vacía, problemas al relacionarse, sentimientos y principios sin valor. Así el perdón es una actitud benéfica y superior, éticamente hablando.

8. Profundiza: Desde aquí comenzarás a darle primeros auxilios a esa herida emocional que, a la vez, empezará a curar el insomnio, el dolor de estómago o los achaques de cabeza.

En suma, perdonar no es para eximir de culpas al otro, sino para que no te sigas haciendo daño, que ya bastante tuviste con la ofensa.

¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona” -Henri Lacordaire

Visto en: Fundaciontelevisiva.org

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